La Alacena de Genestra en los Premios Lucrècia: cuando la historia también se sirve en formato aperitivo

La Alacena de Genestra en los Premios Lucrècia: cuando la historia también se sirve en formato aperitivo

Hay eventos que no solo reúnen a personas. También reúnen símbolos, trayectorias, territorio y memoria. Los Premios Lucrècia de Honor 2026, celebrados en el Teatro Principal de Inca, fueron uno de esos momentos: una cita cultural impulsada por el gestor cultural Jaume Gomila y dedicada este año a reconocer la aportación de las actrices menorquinas Laura Pons y Àngels Gonyalons a las artes escénicas y audiovisuales. Para una ocasión así, la gastronomía no podía ser simplemente un acompañamiento. Tenía que formar parte del relato.


Una propuesta nacida de una petición concreta

El encargo partía de una idea muy especial: crear una propuesta gastronómica inspirada en el Receptari Caules. Cuina menorquina del segle XVIII, una obra vinculada a la tradición culinaria menorquina y a una de las primeras referencias documentadas de la salsa mahonesa. A partir de ahí, el equipo de La Alacena de Genestra, bajo la dirección de Andreu Genestra, trabajó para convertir esa petición en algo más que un menú: un concepto gastronómico con sentido, capaz de conectar el acto con la historia, el territorio y la identidad balear. Porque para La Alacena, cada evento dice algo de quien lo organiza. Y la comida, aunque a veces parezca un detalle, es una de las formas más directas de transmitir cuidado, intención y memoria.


La Menorca del siglo XVIII, reinterpretada para un cóctel actual

La propuesta se construyó a partir de recetas tradicionales menorquinas reinterpretadas en formato aperitivo y cóctel. El objetivo era mantener la raíz histórica de las elaboraciones, pero adaptarlas al ritmo, al formato y a la experiencia de un evento contemporáneo. Entre las piezas servidas se encontraban elaboraciones como proto de coca en salsa, gallina en salsa, escudella menorquina, codorniz estofada, bacalao en escabeche, albóndigas con salsa, sopas de pan, huevo preparado y tocino de cielo como postre conventual. Cada bocado estaba pensado para trasladar al invitado a una cocina con raíz, pero sin caer en la nostalgia. Una cocina que mira al pasado para construir una experiencia actual, precisa y coherente con el tono institucional y cultural del evento.


Más que catering: construir tranquilidad

En los Premios Lucrècia, La Alacena de Genestra volvió a demostrar una de sus principales capacidades: escuchar al cliente, entender qué necesita transmitir y convertir esa intención en una experiencia gastronómica completa. No se trataba solo de servir bien. Se trataba de que todo estuviera a la altura: la idea, el menú, el ritmo del servicio, el contexto cultural y la experiencia de los invitados. Esa es precisamente la forma en la que La Alacena entiende su trabajo. Un evento importante siempre implica expectativas, presión y muchos detalles que no pueden fallar. Por eso, más allá de la cocina, lo que aporta el equipo es tranquilidad: la certeza de que cada elemento está pensado, cuidado y coordinado para que el resultado responda a lo que el cliente quiere proyectar.


Una cocina con historia, oficio y territorio

La participación en los Premios Lucrècia resume muy bien la manera de trabajar de La Alacena de Genestra: partir de una necesidad concreta, aportar criterio gastronómico y construir una propuesta a medida. En este caso, la inspiración en el Receptari Caules permitió crear un puente entre la cocina histórica menorquina y el lenguaje actual del catering. Una forma de demostrar que tradición e innovación no son caminos opuestos, sino dos ingredientes que pueden convivir cuando hay oficio, sensibilidad y una idea clara detrás. El resultado fue una propuesta pensada para dejar buen sabor de boca, pero también para reforzar el significado del evento. Porque cuando la gastronomía está bien planteada, no solo acompaña: también cuenta.


Todo, a la altura de lo que se quería transmitir


Los Premios Lucrècia fueron una celebración de la cultura, del talento menorquín y de la memoria compartida. La propuesta gastronómica de La Alacena de Genestra quiso estar a esa misma altura, reinterpretando el legado culinario de Menorca desde una mirada contemporánea y cuidando cada detalle para que la experiencia fluyera con naturalidad. Una muestra de cómo el catering puede ser mucho más que una solución práctica. Puede ser una herramienta para construir relato, reforzar identidad y hacer que un evento transmita exactamente aquello que quiere transmitir.


Porque en un evento importante, la comida no es solo comida. Es parte del recuerdo que queda.